El cazador del siglo XXI


Hoy escuchaba en ETB-2 un interesante debate sobre la caza, de un lado la presidenta de PACMA y del otro Angel López Maraver, presidente de la Real Federación Española de Caza. Los argumentos son conocidos, nada nuevo en el horizonte, si bien las interpelaciones de Angel López sobre “porque no quitar al león de la sabana” haciendo un paralelismo con el hombre en lo que él llamaba “ecosistema”, aunque creo que quería decir “cadena trófica“, habrán provocado la risa de más de alguno.

No pretendo en este articulo tratar sobre el tema de la caza en su dimensión racional. Como en cualquier otro, todos podemos construir, a base de medias verdades y omisiones, una realidad paralela que nos convenga a nuestros intereses. PACMA hablaba entre otras cosas del plomo generado en la fabricación de balas y Angel López del “ecosistema” y las regulaciones y otros cientos de materias para defender la caza o “pegar tiros en el monte” como lo llaman en PACMA. Todos los argumentos enfrentados tienen sus puntos de razonamiento y cada cual en su escala de valores los subjetiviza.

Yo quiero, en este artículo, ir mas allá, a desentrañar qué y quién es el cazador. Porque, de veras amigos, las batidas de caza en todo-terreno hasta la última zona accesible del monte, paseo de unos kilómetros y apostarse para pegar unos tiros con una escopeta o rifle con mira telescópica, ropa de abrigo, comida y bebida en abundancia, teléfono móvil, etc… ¿Son algo a lo que podamos llamar “caza”? ¿No era la “caza” un medio de supervivencia del hombre “cazador-recolector”? ¿Realmente un señor de unos 50 años con una penosa forma física y una escopeta es un “cazador”? ¿No es razonable pensar que los “cazadores” europeos del año 12.000 a.C se caerían al suelo de risa al ver a unos señores con sobrepeso y una escopeta llamándoles “colegas cinegéticos”? ¿Son estos cazadores capaces de cazar algo enfrentándose realmente a la naturaleza?

Me he querido imaginar a un cazador como un hombre o mujer, que desprovisto de ninguna tecnología, con sus propias manos fabricase trampas y armas con las que cazar a otros animales en armonia con la naturaleza, en una lucha de iguales cada uno haciendo uso de habilidades naturales propias, un combate de adaptación e ingenio, en el que la forma física, la preparación y las capacidades personales son puntales de la supervivencia del individuo, ¿Pero que adaptación e ingenio hay en “fusilar” desde un puesto de caza a un animal que pasa por allí olisqueando el suelo?

Con todos mis respetos llamarle “caza” y “deporte” a eso de ir con un arma por el monte pegando tiros me parece un excesivo atrevimiento, sin entrar a lo malo o lo bueno que pueda tener, sin siquiera introducirme en cuantos razonamientos puedan esgrimir detractores y simpatizantes de este “deporte”, conviene primero hacer un ejercicio de reflexión sobre la cosa tan ridícula en la que se ha convertido aquello que para el ser humano, durante el 99,9% de su tiempo en la tierra, fue un verdadero combate de ingenio, superación y supervivencia.


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